OPTIMIZA TU ESTILO DE VIDA CON EL AIP (parte 2 de 3)

Como os indiqué en la entrada anterior, la alimentación y el estilo de vida son los dos pilares básicos del AIP.

Una vez tengamos claro los alimentos recomendados y desaconsejados en el protocolo, es fundamental emprender unas acciones de estilo de vida que acompañen nuestros cambios alimentarios.

MOVIMIENTO:

Moverse, que no es lo mismo que hacer ejercicio, es vital para mantener una buena salud. Salir a caminar a primera hora de la mañana, aunque sea 5 minutos, aunque estemos cansados, aunque todavía esté de noche y/o haga frío, nos ayuda a regular nuestros ciclos circadianos, nos permite avisar a nuestro cuerpo y nuestro cerebro que es de día y así activar nuestro metabolismo.

También nos permite reflexionar con tranquilidad sobre las tareas del día, respirar hondo, mentalizar unas frases de agradecimiento, sentir nuestro cuerpo en movimiento, el roce del aire, la caricia del sol, los elementos naturales o urbanos que nos rodean, etc.

Se recomienda practicar ejercicio suave varias veces a la semana, sin ser excesivo para no provocar un estrés dañino en el cuerpo. Podemos caminar, hacer yoga, estiramientos, nadar, ir en bici, etc.

Además, muchos expertos recomiendan hacer sesiones de entreno de alta intensidad en intervalos cortos (High Intensity Interval Training), en los que llevemos el esfuerzo al máximo, con intervalos cortos de descanso, para estimular hormonas, musculatura, corazón y cerebro.

GESTIÓN DEL ESTRÉS:

El estrés crónico causa estragos en todas las personas, y aún más en las personas con enfermedades crónicas, que deben sobrellevar una batalla interna que ocurre en su propio cuerpo, —el proceso autoinmune de destrucción progresiva de tejidos y/o órganos—, además de todo el estrés generado por causas exteriores.

La gestión del estrés debería ser una prioridad absoluta en nuestra vida. Es un factor básico en el proceso de sanación.

Podemos comer de la manera más saludable que creamos, si no mantenemos el estrés a raya, no podremos alcanzar nuestros objetivos de salud.

Adoptemos todas las medidas posibles para gestionar el estrés en todos los aspectos de nuestra vida: familiar, laboral, social, etc. Para ello, podemos mantener un diario, que nos ayudará a canalizar y organizar nuestros pensamientos y nuestras emociones. También podemos recurrir a la terapia psicológica, según nuestras necesidades. La acupuntura, osteopatía, masajes, sauna, spa, sesiones de relajación, reflexología podal, meditación o cualquier otra actividad que nos ayude a relajarnos y sentirnos mejor debería tener un espacio reservado cada mes o cada semana en nuestra agenda.

GESTIÓN DEL SUEÑO:

Los problemas de sueño suelen ser muy habituales en las personas con enfermedades autoinmunes. Quitar los alimentos antiinflamatorios de nuestra dieta debería permitirnos dormir mejor, pero podemos adoptar otras acciones que refuercen este proceso.

Podemos establecer rutinas de sueño cada día, reduciendo la intensidad de las actividades físicas y mentales a partir de las 18:00, apagar todas las pantallas, reducir el nivel lumínico y sonoro de casa, dedicarse un tiempo a uno mismo, cenar temprano, tomar un baño caliente con unas gotas de aceites esenciales, una infusión, leer un libro, etc. Algunos complementos alimenticios como el magnesio o la melatonina pueden representar un apoyo puntual.

AIRE LIBRE Y NATURALEZA:

Es imprescindible tomar el aire cada día, varias veces al día si es posible. La exposición al sol sin protección durante unos minutos al día es valiosísima para mejorar el estado de ánimo y aumentar la absorción de vitamina D, que suele ser muy deficiente en la mayoría de las personas del mundo occidental.

Aunque vivamos en un entorno urbano, procuremos pasear en un parque o una zona verde cada día.

Mucho mejor si podemos aprovechar para jugar con niños, animales domésticos, cuidar un huerto, etc. Numerosos estudios han demostrado los efectos benéficos del contacto físico con la tierra, el humus. Las teorías higienistas y la limpieza excesiva de nuestras casas, nuestro cuerpo y nuestro entorno de vida han reducido las capacidades de nuestro sistema inmunitario a luchar contra bacterias, virus, infecciones y parásitos. ¡No tengamos miedo de caminar descalzo en el césped, acariciar un perro o manipular la tierra de un huerto!

PROPICIAR UNAS RELACIONES SOCIALES POSITIVAS:

Es básico cuidar las relaciones sociales, privilegiar las relaciones benéficas y huir de las relaciones tóxicas.

En el contexto del AIP, se nos hace complicado compartir comidas con familiares o amigos, debido a nuestra dieta restrictiva, pero existen mil maneras de relacionarse con los demás: podemos salir de paseo con amigos, invitarles a tomar el té o a comer en casa, ir a la piscina, al museo o al mercado con ellos, organizar un picnic y que cada uno lleve su propia comida (¡en los EEUU se hacen picnics AIP gigantes!).

Muchas personas de nuestro entorno cercano pueden adoptar actitudes de rechazo, indiferencia o crítica frente a nuestras decisiones alimentarias y de estilo de vida. Hay que aprender a transformar esta negatividad en fuerza. Es difícil pero se puede. Cuando estemos mejor, los demás lo notarán, vendrán a hacernos preguntas y a pedirnos consejo de manera espontánea. ¡Tened paciencia y seguid vuestra intuición!

ACEPTARNOS:

Solemos considerar nuestra vida como una lucha permanente, somos perfeccionistas, nos fijamos más en nuestros defectos y fallos que en nuestros logros y virtudes. El cansancio, la ansiedad y la depresión son frecuentes en los procesos autoinmunes. Tenemos que aceptar nuestros límites, nuestros fallos, e insistir en nuestra voluntad de mantener nuestros esfuerzos cotidianos. Después de cierto tiempo, podremos mirar hacia atrás y felicitarnos por todo el camino recorrido.

Tenemos que descansar cuando estemos cansados, renunciar puntualmente a actividades o planes que nos habrían hecho mucha ilusión, para preservar nuestra salud, aunque las personas cercanas no lo entiendan o no lo acepten.

Aceptemos que el camino para mejorar nuestra salud es largo y con muchas variaciones. No nos desanimemos. Leamos testimonios de mejora o remisión y que nos sirvan de inspiración para seguir adelante. Todo este proceso es la base de nuestra trayectoria hacia la recuperación de nuestra salud y nuestra vida.

SANEAR NUESTRA PERCEPCIÓN DE LA ENFERMEDAD:

Nuestra relación con la enfermedad y nuestra manera de gestionarla son fundamentales. Es importante concienciarse, informarse, comprometerse, experimentar y también ser capaz de cambiar de rumbo cuando estemos estancados. Hay que estar al tanto de nuestra propia evolución: escuchar su cuerpo es fundamental, y se vuelve muy natural al cabo de un tiempo.

En este sentido, puede ser muy útil  mantener un diario de comida y síntomas (existen muchas apps para el móvil, o sino un papel y un boli son suficientes). Nos permite detectar alimentos que no nos convienen, y realizar un seguimiento de la evolución de nuestros síntomas.

No estamos «en guerra» contra nuestra enfermedad y nuestro cuerpo. Estamos ante una posibilidad increíble de aprender sobre nosotros y querernos. No «somos Hashimoto», no «somos autoinmunes», sino que «tenemos» una enfermedad, y queremos reducir sus manifestaciones.

No nos identifiquemos con nuestra enfermedad. Aprendamos a convivir lo mejor posible con ella, e incluso conseguir transformar nuestra lucha y desesperación en poder, fuerza y pasión.

El «empowerment» (empoderamiento) es básico: informarse para ser fuerte y actuar.

No estamos en guerra contra nuestra enfermedad, sino ante una oportunidad para aprender sobre nosotros. Clic para tuitear

COMPLEMENTOS ALIMENTICIOS:

Los mejores complementos alimenticios son los que se encuentran en su forma natural, a través de una alimentación variada y con alta densidad nutritiva. Sin embargo, muchos de nosotros necesitamos suplementación en vitamina D, C, selenio, magnesio, zinc, potasio, vitaminas del grupo B, enzimas digestivas u otras vitaminas y minerales. Para eso, siempre recomendamos un seguimiento médico exhaustivo.

CONTACTO CON PRODUCTOS QUÍMICOS:

Tenemos que evitar al máximo el contacto con productos químicos: productos de limpieza, cuidado corporal, etc. El uso del aceite de coco, oliva o almendras dulces es ideal para hidratar el cuerpo y la cara. Se puede hacer una buena pasta de dientes a base de aceite de coco, esencia de menta y arcilla. Para la limpieza del hogar, usar productos eco o vinagre blanco, bicarbonato, jabón de Marsella o Alepo, etc.

Como habéis visto, el AIP no se limita a una dieta específica, es un conjunto de acciones que nos debería permitir, poco a poco, recuperar una buena calidad de vida e incluso disfrutar de una vida… ¡mucho mejor que antes!

En el próximo artículo os explicaré en qué consiste la fase de reintroducción de alimentos en el AIP y cómo llevarla a cabo con éxito.

Y tú, ¿consideras que el estilo de vida es importante para sentirte bien? ¿Menos, más o igual de importante que tener una alimentación saludable? ¡No dudes en compartir tus opiniones y experiencias dejando tus comentarios en el blog!

  • Lee más sobre el aspecto alimenticio del AIP.
  • ¿Quieres saber cómo reintroducir alimentos en el Protocolo Autoinmune? Descúbrelo aquí
  • Te ofrezco 31 consejos para mejorar tus resultados en el AIP, y no caer en los típicos errores. ¡Lee todos estos consejos en esta entrada de blog!

Referencias:

Mis consejos sobre AIP, en mi entrevista para el blog A Squirrel In The Kitchen.

Consejos de estilo de vida: aquíaquí y aquí.

Beneficios de mantener un diario: aquíaquí y aquí.

Complementos alimenticios: aquíaquíaquí y aquí.

Consejos de higiene con productos naturales: aquí y aquí.

Libro «Eat Dirt» («Come barro») del Dr. Josh Axe.

Teoría del higienismo, disparo de las enfermedades autoinmunes y deficiencia de vitamina D: aquí y aquí.

 

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Alice Dénoyers
Soy Alice, la creadora de Episalud. Mi objetivo es compartir información actualizada y fiable sobre los últimos avances en salud y nutrición, con especial enfoque en las enfermedades autoinmunes. Si quieres saber más sobre mí, entra aquí.

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