Puedo decir que llevo unos cuantos meses inmersa en una época de transición, un espacio entre dos historias, « The Space Between Stories », según Lissa Rankin, inspirada por Charles Eisenstein.

El último espacio entre historias que viví fue cuando tuve una crisis hipertiroidea en verano del 2015. De golpe pensé que… me iba a morir, por decir las cosas claras. Este episodio me cambió la vida de manera radical. Fue el momento en que se me marcó a fuego esta sensación de inmensa y aterradora fragilidad de la vida.

Hoy estás, y hay un cierto porcentaje de posibilidades de que mañana no estés. Suena un poco bobo decirlo, parece de cajón, verdad, pero hasta que no lo vivas no lo puedes entender del todo. Y más si tienes hijos, creo.

Cuando sobreviví, decidí que iba a ser mucho más responsable y participativa en mi segunda vida, de lo que había sido en mi primera vida.  

Así que lo primero que hice fue informarme sobre mi enfermedad, la tiroiditis autoinmune de Hashimoto, y las maneras de mitigar sus efectos. Estaba pasando de un estado de paciente pasiva, sumisa y despreocupada, a una postura de paciente activa, empoderada, impertinente y rebelde. Este cambio de estatus en casi todos los aspectos de mi vida me llevó a mejorar muchísimo mi estado de salud, a crecer como persona y también a enfrentarme a situaciones muy violentas con algunas personas, de manera directa o indirecta.

Los cambios drásticos que apliqué en mi vida (en mi alimentación, profesión, sueño, hábitos, vida social) no me afectaron solo a mí, sino a todo mi entorno familiar, profesional, médico, social, etc.

Estaba tan centrada en sobrevivir como sea, que no me di cuenta de que estaba transformando la casi totalidad de mi vida de manera profunda e íntima.

Nunca me habría imaginado que la mejoría de mi salud iría acompañada de conflictos tan intensos con miembros de mi familia, entorno cercano o médicos. Y con desconocidos en algunos foros de Internet, también.

Pero ya me había embarcado en un barco y mi intención era agarrarme al flotador como mi última salvación, y no soltarlo nunca jamás. Así que mi salud mejoró muchísimo, y tuve que endosar un papel de guerrera, rebelde con tendencia Juana de Arco, que no me había planteado ni un solo momento. Tenía una misión, me guste o no, y tenía que asumir las consecuencias.

Estas consecuencias llegaron muy lejos, tal vez tenga el valor de explicarlas aquí algún día. Sigo pagando el precio de estas consecuencias cada día, y representan una de mis mayores motivaciones para seguir adelante en mi proceso de sanación y apoyo a otras personas que hayan pasado o estén pasando por situaciones similares.

Ya no podría callarme nunca más, no tenía elección, tenía que seguir el camino de «la verdad», la verdad tal como me había aparecido de manera gradual y clarísima, no en sueños ni bajo la forma de alguna divinidad ni después de haber consumido substancias ilícitas, sino después de dedicar centenares de horas a leer estudios científicos, testimonios, ensayos, métodos, libros y blogs sobre salud y alimentación.

Como dije en la presentación de este blog, una vez disponía de los elementos suficientes para iniciar y seguir mi proceso de mejoría de mi salud y mi vida, podía perfectamente volver a mi vida tranquila, mi familia, mis traducciones y mis libros. ¿Pero cómo podría tener la conciencia tranquila sin compartir mis conocimientos con los demás, teniendo en cuenta mi capacidad de traducir y compartir información del inglés al español?

Me esperé unos meses, a ver si se me quitaba este (¿capricho? ¿antojo? ¿moda? ¿pasión? ¿misión?) de encima, pero me di cuenta de que se hacía más potente cada día. No tenía escapatoria, tenía que asumir este nuevo papel que se había creado alrededor mío, que me había envuelto como un nuevo vestido, y del cual ya no me podía desprender.

Así que hoy se me hace más presente, si cabe, esta sensación de estar flotando en un espacio entre dos historias. Pero noto claramente que cada vez estoy más cerca de abrir la puerta de entrada a la próxima historia.

Estoy a punto de empezar una fase determinante de mi segunda vida. Dejo atrás, definitivamente, un espacio de creencias falsas, mitos, impotencia e ignorancia, para acercarme a un mundo más concreto y real de saber, ciencia, pruebas y experimentos contrastados.

Un mundo también lleno de riesgos y obstáculos, dónde tendré que seguir siendo valiente y enfrentarme a opiniones contrarias y violentas.

Espero, con el curso de Experto Universitario en Psico-Neuro-Inmunología que voy a empezar literalmente dentro de cuatro días, armarme de fuerzas académicas y prácticas para seguir persiguiendo mi sueño, ampliar mis conocimientos y compartirlos con mis compañeras y compañeros de estudios, y con todos vosotros, lectores de mi blog y miembros del grupo Episalud de Facebook.

Siempre me ha encantado saltar de mi zona de confort, demasiadas veces tal vez, aunque siempre haya tenido que pagar un precio alto. Los resultados siempre valen la pena. Cuánto más alto es el salto, más miedo, más riesgos, más esfuerzos y más sacrificios implica. Pero al final, si todo va bien, los beneficios pueden ser más elevados.

Con estas líneas quiero compartir con vosotros esta sensación de que nunca es tarde para empezar algo nuevo, para aprender, para salir de sus hábitos y construirse una vida nueva. Eso sí, hay que hacerse el fuerte para asumir un papel nuevo, unos riesgos nuevos, unos posibles ataques que siempre llegan cuando hemos bajado la guardia y estemos flojos.

Esta nueva misión en la cual estoy a punto de embarcar, me llena de ilusión, pasión y miedo por partes iguales.

Voy a emplear otra metáfora que descubrí hace poco, que combina a la perfección con la imagen del espacio entre historias. Es el síndrome del ascensor vacío, de Martha Beck, mencionado aquí por Sean Croxton.

Un buen día, coges el ascensor con todos tus amigos, tu familia, la gente que más quieres. Estás en confianza, en seguridad, en un entorno familiar. El ascensor va subiendo, y poco a poco, tus amigos van bajando del ascensor y te sientes cada vez más solo. Empiezas a sudar, notas un poco de claustrofobia, ansiedad, pánico… Te sientes desnudo, vulnerable, perdido. ¿Apretarás el botón de parada de emergencia del ascensor? Dudas un segundo, pero en el fondo sabes que tienes que seguir subiendo. Así que respiras hondo, decides confiar en ti y quererte un poco más, y dejas que el ascensor suba. Hasta que, por fin, el ascensor se abra en una planta llena de nuevos amigos, nuevos retos, nuevos proyectos, nuevas ilusiones, y te sientes como en casa.

Tuve esta sensación ayer cuando vi el vídeo de presentación del curso de PNI de Regenera. Esta sensación de estar a punto de empezar una historia de 2 años con personas que comparten los mismos valores, esperanzas y paradigmas, con el objetivo nada ambicioso de cambiar la vida de las personas y el rumbo del mundo de la salud y la nutrición.

¿Ha valido la pena sudar y sentirse solo en el ascensor vacío, verdad?

¿Alguna vez —o muchas veces— has sentido que estabas flotando en un espacio entre historias, o embarcado en un ascensor vacío? ¿Piensas que el viaje, el riesgo y el esfuerzo valen la pena? ¿Eres más fuerte ahora, después de haberte arriesgado a tomar decisiones difíciles, que si te hubieras quedado en tu zona de confort?

¡Cuéntame tus experiencias de crecimiento personal!

 

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Alice Dénoyers
Soy Alice, la creadora de Episalud. Mi objetivo es compartir información actualizada y fiable sobre los últimos avances en salud y nutrición, con especial enfoque en las enfermedades autoinmunes. Si quieres saber más sobre mí, entra aquí.
Showing 4 comments
  • Ivone
    Responder

    Gracias por compartir tus historias, son de gran aprendizaje para muchos, y me uno a ti con entusiasmo por seguir aprendiendo y poder dar algun consejo a alguien que lo necesite eso si bien fundamentado cientificamente porque si no sere una loquita para los demas, jajaja, enhorabuena por esta nueva etapa que vas a empezar, saludos !!

    • Alice Dénoyers
      Responder

      Hola Ivone, gracias por tus palabras, ¡me alegro poder ayudarte e inspirarte un poquito en tu recorrido!
      Un abrazo y ¡que tengas un feliz día!

  • Rosa
    Responder

    ¡Enhorabuena Alice por tu exitoso ascenso. Sigue subiendo y aprendiendo. Y yo observando para aprender de ti.. Admiro tu decisión y tu camino arduo pero con buena cosecha. Felicidades por la buena decisión que has tomado. Vas poquito a poco pero llegarás lejos.

    • Alice Dénoyers
      Responder

      Muchas gracias Rosa, creo que el hecho de informarse, aprender y crecer es fundamental para el desarrollo de cualquier persona. Y más cuando tienes problemas de salud y quieres conocer mejor tu cuerpo y tus capacidades para mejorar. ¡Espero poder seguir acompañándoos durante mucho tiempo!

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